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martes, 12 de junio de 2012

EL LOBO FOSIL DE AMBRONA, SORIA.

Durante los dos años largos que invertí en clasificar los restos fósiles de Torralba y Ambrona de la excavación Howell 1962-63, me encontré con algunas piezas muy llamativas, entre ellas un canino de Macaca sp., desgraciadamente desaparecido pero que Aguirre y yo presentamos en el VIII Congreso INQUA, Paris 1969, y  tres dientes de un cánido que en principio se clasificó como Canis sp. cf. mosbachensis, un pequeño lobo de centro Europa.
Sin embargo y andando el tiempo y despues de múltiples comparaciones con los dientes de otros cánidos fósiles europeos de edad semejante (Pleistoceno superior, 300.000 años aproximadamente)  y dadas sus especiales características biométricas, me llevó a proponer la creación de una nueva subespecie, Canis lupus ambronensis, un lobo muy parecido al actual pero de pequeño tamaño,similar al de los lobos del sur de la Península.


En esa época Ambrona era una paramera fría y húmeda, ruta de emigración de venados, caballos, toros, elefantes  y otros grandes mamíferos aprovechada por el hombre para cazar y carroñear y de igual modo por los lobos.

Los fósiles de esta excavación se encuentran depositados en el Museo Numantino de Soria, despues de un largo periplo por los museos de Madrid, el Arqueológico, el Cerralbo y el de Ciencias Naturales, y por desgracia nunca han sido expuestos al público. Publicación original en PDF

martes, 22 de mayo de 2012

VERTEBRADOS FOSILES DE LA TURBERA DE EL PADUL (GRANADA)

Una ciénaga, un pantano, una turbera…lugares tenebrosos y llenos de leyendas.
En la Edad del Hierro los pueblos del norte de Europa creían que los dioses habitaban en ellos y acostumbraban a hacer sacrificios humanos en su honor o simplemente ahogaban en sus légamos a los criminales.

 Momia del hombre de Tollund.

Pero alguien, en algún momento, se dio cuenta de que la turba ardía y proporcionaba algo de calor y que podía incorporarse a la tierra de labor y aumentar su producción y de ahí, la turbera pasó de ser un lugar mágico a un lugar de aprovechamiento comunal.
Las turberas de El Padul se conocen desde tiempos muy remotos pero su nombre actual se deriva del apelativo romano “paludens “ que quiere decir pantano.
Están situadas a 21 km al sur de Granada capital, a 700 m de altitud, en la cabecera del Valle de Lecrín y actualmente pertenecen a la Reserva Natural del Parque Natural de Sierra Nevada, como humedal de importancia internacional (convenio RAMSAR).

Vista actual de la turbera de El Padul.
Su origen es tectónico, una fosa rellena por materiales postorogénicos y los restos vegetales de las lagunas que la ocuparon  y que con el tiempo, por un proceso de carbonización, se han transformado en tres tipos de turba, negra, amarilla y gris, que ocupan decenas de metros de espesor y de las que se extraen actualmente 18.000T/año para abastecer a todo el país.

 Turba negra (carbón) y turba rubia (abono).

Las turberas, dada su acidez actúan de dos modos, momificando los restos de los animales que caen en ellas o destruyendo sus tejidos e incluso los huesos de los más pequeños. Si embargo,  El Padul  es excepcional, gracias a su pólen fósil se ha podido  establecer una datación cronológica muy precisa que sitúa el inicio de la turbera a finales del Terciario, con un máximo de extensión en el periodo Würm (Cuaternario, última glaciación, hace aproximadamente 14.000 años)


Además, entre 1966 y 1969 trabajadores de la empresa de extracción “Turberas de El Padul S.A.” y nosotros mismos, encontramos algunos restos fósiles de tortuga, pato, caballo, toro y ciervo bien conservados. Y en 1982, un equipo de investigación de la Universidad de Granada encontró los restos de un mamut.
 Anade Real (Anas platyrhynchos) y Tortuga Europea (Emys orbicularis).

Fauna que viene a confirmar la existencia en el Pleistoceno superior granadino de un habitat de clima relativamente suave pero con inviernos muy fríos, más o menos lo que ocurre en  zonas altas de Sierra Nevada, por ej. en Trevelez,  en la actualidad. PDF