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viernes, 3 de mayo de 2013

MAZATERÓN, el pantanal del Eoceno soriano.



Si Pico Frentes es el mejor exponente de la fauna marina del Cretácico superior soriano, “La Solana” en Mazaterón está considerado como el mejor y más completo yacimiento de vertebrados del Eoceno medio español.
Hace más de 50 millones de años, el nivel de los océanos era muchísimo más alto que el actual debido sobre todo a que al final del Cretácico y durante el Paleoceno el calor había sido extremo, se habían derretido las masas glaciares y se habían movido y fracturado los continentes mesozoicos.
Europa se convirtió en un enorme archipiélago de islas subtropicales y por descontado España también desapareció bajo las aguas y se convirtió en un grupo de islas, la mayor de las cuales comprendía lo que hoy es Castilla, Portugal, Galicia y Asturias.
La división del continente en tantas islas originó que en cada una de ellas aparecieran endemismos, tanto de fauna como de flora, que en muchas ocasiones hacen que los yacimientos de fósiles encontrados en estas zonas  sean únicos y excepcionales. Tal es el caso del yacimiento de “La Solana” en Mazaterón.

 Trinchera de "La Solana" en Mazaterón

Imaginemos el este de Soria como un inmenso pantanal tropical rodeado por zonas de pastos y áreas más áridas y tendremos una idea de cómo era el ambiente de Mazateron hace 45 millones de años, habitado por una fauna única y espectacular: tortugas gigantes como las del genero Hadrianus, cocodrilos  de tipo aligátor y otros del género Iberosuchus.

 Tortuga gigante del género Hadrianus
 
Y sobre todo una gran diversidad de mamíferos, entre ellos varios géneros de perisodáctilos del grupo del Palaeotherium, que eran muy parecido a un caballo pero con  cuatro dedos con pezuña en las patas delanteras y tres en las traseras y del Lophiodon, un tapiroideo muy parecido a los actuales pero con un fuerte dimorfismo sexual ya que el macho estaba dotado de unos fuertes caninos que en las hembras eran muy reducidos. 


 Palaeotherium y mandíbula de Paranchilophus remyi.
 
De artiodáctilos del grupo de los  Anoplotéridos,  semejantes también a tapires pero con dedos pares en las patas y uñas que parecen garras.

 Anoploterido y maxilar de Dacrythrium sp.

Y unos raros carnívoros llamados Creodontos  representados en el yacimiento por el género Proviverra que parece un cruce entre una civeta y un perro y que predaría preferentemente sobre los pequeños roedores que infestaban el pantanal.

 Proviverra.

Pero, los mamíferos más llamativos son los primates de los que han aparecido tres géneros  distintos: Adapis sp. y Mazateronodon endemicus, del tamaño de una ardilla, cráneo alargado y un fuerte hocico, muy parecidos a los lémures actuales y Pseudoloris cuestai casi idéntico a un  diminuto tarsero, el primate más primitivo y famoso del archipiélago malayo.

 Tarsero malayo

Una fauna irrepetible que desapareció  en las épocas posteriores pero que es la base de la fauna que hoy conocemos.
Y ahora, un poco de historia actual. Las excavaciones en Mazateron se realizaron entre los años 1989 y 1990 por un equipo dirigido por el Dr. Emiliano Jimenez Fuentes y el material obtenido se  encuentra depositado en la Universidad de Salamanca, de donde han salido numerosas publicaciones sobre la fauna y la geología del yacimiento, la mayoría de ellas en la revista Studia Geologica Salmanticensia de reconocido renombre en el mundo científico. La  lista de fauna se eleva a 26 vertebrados diferentes, muchos de ellos únicos en España. 

viernes, 8 de junio de 2012

EL FRISO PERDIDO DE HUERMECES DEL CERRO, Guadalajara.

El pueblo de Huermeces del Cerro se encuentra al pie de los imponentes riscos que ha formado a su paso el río Salado. No lejos del pueblo y al otro lado del río se eleva una pared de piedra caliza de color gris, casi vertical, que fue hace más de 30 millones de años el fondo de un lago y que se elevó y verticalizó durante el paroxismo de la orogenia Alpina.

Vista del estrato donde está el yacimiento y Manuel señalandolo.

En 1957, Leo Imperatori descubrió que la roca estaba literalmente cuajada de grandes huesos blancos y la calificó de friso cuando dió la noticia en una de las reuniones de la Real Sociedad Española de Historia Natural.



Huesos incrustados en la roca.

Durante un tiempo fue visitada por diversos investigadores pero no se pudieron extraer los huesos para su estudio porque los fósiles saltaban en añicos al romper la piedra.

Más huesos.

El cemento de la roca se había consolidado con la propia cal de los huesos y estos se habían desmineralizado. Asi, solo se pudieron recoger las muestras caidas y hacer algunos vaciados de los moldes de los mismos.

 Resto de la mandibula inferior de Palaeotherium sp.

Se pudieron identificar al menos dos tipos de Palaeotherium, un pariente lejano del caballo pero con aspecto de tapir, que al contrario de su primo, conserva cuatro dedos en la pata delantera y tres en la trasera y de un Anoploterio, un artiodáctilo también parecido a un tapir pero con pezuñas con aspecto de garras.

 Ilustración de Palaeotherium.

Desgraciadamente del yacimiento apenas queda nada debido al deterioro natural y al saqueo contínuo. Si se va por allí, lo más seguro es que a los pies de tan extraordinaria muralla aparezcan restos de dientes y huesos machacados por los martillos y cinceles de los que han intentado hacerse con tan preciosos fósiles y solo han conseguido su destrucción. Y de eso damos fe.